La vivencia del ritmo de la semana y el infante en el grupo de juego




En el aula del Grupo de Juego las maestras acogemos, día a día, a los niños y niñas como seres en

porvenir con una individualidad colmada de cualidades por descubrir, desarrollar e integrar. Les

acompañamos de una manera integral y desde los principios de la Pedagogía Waldorf de

orientación antroposófica, propuesta por Rudolf Steiner. Este es nuestro punto de partida para

nutrir la programación del año y de cada día de la semana, para acompañar a los niños y niñas.


Para Rudolf Steiner el ritmo constituye una base esencial para el desarrollo saludable del niño, ya

que todo lo que se mueve en el mundo contiene un ritmo, que nos aporta un orden, nos sitúa en un

espacio y un tiempo. Ejemplo de ello son las estaciones del año, las fiestas y celebraciones

cardinales que marcan un ciclo donde el ser humano se mueve y actúa en consonancia con él.

Antiguamente estas fechas señaladas se hacían aún más presentes pues se podían observar en la

vivencia de los procesos de cultivo; las tradiciones de cada cultura y lugar acompañaban y daban

sentido.

Entre el nacimiento y los siete años, el niño aprende principalmente a través de la imitación, el

movimiento libre y la vivencia sensorial que recibe del entorno. Este acompaña desde el orden, la

belleza y la repetición rítmica, pero también lo hacen el aire, el sol, el agua, la tierra... y todos

aquellos elementos y estímulos que vienen de fuera y despiertan nuestros sentidos.


El ritmo semanal no es una estructura rígida, sino una respiración viva y ordenada entre momentos

de expansión y contracción, que acompañan los procesos anímicos y corporales del niño. Estos

favorecen su desarrollo aportando el equilibrio que necesitan para su sano crecimiento. 


¿A qué nos referimos cuando hablamos de expansión y contracción o de una respiración viva? El ser humano, en el momento del nacimiento, lo primero que hace es una inhalación; inspiramos profundamente permitiendo que los pulmones se expandan por primera vez, luego viene la exhalación manifestada con el llanto. Este es uno de los cambios fisiológicos primordiales al nacer, un gesto que favorece la oxigenación del cuerpo, activando la circulación sanguínea. De forma progresiva aprendemos a regular la respiración y los ritmos vitales a través de la combinación de la maduración biológica, el vínculo y la experiencia. Al inicio, la respiración es irregular y reflejo, el sistema nervioso está aún inmaduro por lo que, poco a poco, pasamos de un ritmo más caótico a otro más estable y coordinado. Esto puede observarse en la respiración, frecuencia cardiaca, sueño y vigilia.


¿Cómo aprende el infante a regular todo esto?


Aparte de ir madurando poco a poco sus órganos, está estrechamente ligado al vínculo de su cuidador o cuidadores principales. Por lo que el contacto piel con piel, el mecerlos, la voz, el canto y la respiración del propio adulto ayudan a organizar el ciclo vital del infante en sus primeros años de vida. Este continuo

proceso de crecimiento, desarrollo y cambios físicos, psicológicos y sociales es atravesado

por todos los seres humanos desde el nacimiento hasta el momento de nuestra muerte.


El ciclo del día y la noche nos ayuda a ordenar el sueño. Despertamos con el sol y la claridad del día,

el atardecer nos indica que es hora de ir preparándonos para la noche, y la noche nos acoge para ir

a dormir; estos son los ritmos de sueño y vigilia que ayudan a regular los ciclos internos. Podemos

observar que estos ciclos del día y la noche también tienen una inhalación y una exhalación. Este

ritmo ayuda a ordenar también la alimentación, siendo cada vez más espaciada. Se vincula

estrechamente con la respiración ya que en este proceso también hay una ingesta, nuestro cuerpo

realiza una transformación y luego desecha aquello que no le sirve. Los procesos madurativos están

todos conectados entre sí, por lo que cada uno de ellos tiene una función específica y es la

responsabilidad del adulto poder ofrecer al infante los medios para su adecuado desarrollo.


En aula trabajamos y acompañamos estos procesos a través del arte, el canto, el juego y el encuentro con los otros. Acogemos a los niños y niñas en un espacio que intentamos que sea lo más parecido a un hogar. Ofrecemos regularidad, ritmo, hábitos de vida saludables, belleza en el hacer, el canto, el cuidado y el mimo... Un ambiente donde la mirada amable y el gesto justo promueven la confianza y el sano desarrollo.


¿Cómo vivimos esta alternancia del ritmo? La expansión se vive como momentos de apertura hacia

lo que hay fuera, teniendo que decidir qué hacer con lo que encuentro, ya sea en el patio, en las

actividades sociales, en el juego libre, etc. La contracción nos ofrece momentos de recogimiento y

de atención sostenida; esto lo viven en el corro, a través del canto y el gesto. Desde una participación activa enriquecen su lenguaje, comienzan a percibir y dirigir movimientos, afianzando su motricidad en el hacer junto a otros. También en la actividad artística o en la mesa de estación, donde se despierta la atención y el interés.


La semana presenta una estructura y un orden, conformados a través de las actividades propuestas

para cada día que son, a su vez, flexibles. Cuando llegan por la mañana entran en un espacio

preparado para ellos, donde pueden encontrar elementos que reflejan la estación del año, se

encuentran materiales nobles y no estructurados: madera, lana, telas, cestas, elementos naturales...

Estos permiten que el niño despliegue su imaginación creadora con estímulos abiertos, dando

forma a un espacio nuevo que sitúa al infante en el mundo a través del juego.

Cada día de la semana se propone una actividad artística diferente. En este caso los lunes

trabajamos la cera de pintar, los martes la lana, los miércoles el pan, los jueves la acuarela y los

viernes cuidamos de los espacios y de nosotros mismos. Este tipo de tareas o actividades artísticas

nos invitan a la concentración y también a trabajar la autonomía, realizando procesos internos que

mueven la voluntad de manera lúdica y consecuente.

En el compartir la comida en torno a la mesa, promovemos hábitos y relaciones sanas con la

alimentación, se trabaja el saber estar y cómo ingerir los alimentos de manera saludable. Preparar

el desayuno y la mesa juntos es la antesala que nos permite valorar y sentirnos parte del proceso,

así disfrutamos juntos los alimentos. Agradecer a las personas que los prepararon les da aún más

valor, generando también gratificación en ellos. El alimento nos aportará beneficios salutogénicos, el

organismo recibe fuerzas curativas y benéficas para promover la salud. 


Hoy en día muchas de las enfermedades están estrechamente vinculadas a la alimentación. Tomamos de los alimentos sus fuerzas vitales a través de sus nutrientes, sabor, color, aroma y durabilidad. En San Juan contamos con la suerte de tener a los compañeros que trabajan en el huerto y comparten el fruto de su hacer con los niños y niñas. De este modo los niños y niñas pueden ver de dónde salen los alimentos y el

cuidado que estos requieren antes de llegar a nuestras manos. Esto los hace más nutritivos si cabe,

generando satisfacción y vida. Contemplamos nuevamente, en esta ocasión en nuestra huerta,

cómo se inicia y se cierra un ciclo, con sus momentos de expansión y concentración.


Después de este acto maravilloso de hacer y compartir el desayuno van al baño, se lavan las manos

y los dientes, se ponen los zapatos y bajamos al patio. Llega el momento de expansión, al aire libre,

donde a través del juego con la arena, el agua y los árboles, el cuerpo se expresa, descubre, se

activan los sentidos y se despierta la imaginación.


Este contacto directo con la naturaleza, la luz, el sonido, el aire, el agua y la tierra impregnan al

infante de vitalidad. Esta es una oportunidad para acoger y transformar cada una de las cualidades

que aportan estos elementos, haciéndolos parte de ellos, vivificándose y forjando también ese ser

que lleva cada uno como individualidad y poco a poco, con todos estos gestos y vivencias, despertar

los sentidos. Esta dinámica rítmica del día genera seguridad interior, fortalece la voluntad y regula

los procesos vitales del niño. De forma natural se cultiva, desde el respeto al ritmo infantil, la

mente, el cuerpo y los sentidos.


Además, a este ritmo diario se puede vincular la cualidad planetaria según el día de la semana. En la

Pedagogía Waldorf se trabaja desde el estrecho vínculo con el “todo”. ¿A qué nos referimos con

esto? Que todo aquello que está en el cosmos está reflejado aquí en la tierra y en nosotros mismos.

A eso le llamamos el macrocosmos y el microcosmos, es una forma de entender la realidad como

un todo interconectado donde lo grande y lo pequeño reflejan los mismos principios.

Podemos entender que cada día de la semana (microcosmos) hace referencia a un planeta

(macrocosmos), portando de alguna manera su cualidad planetaria; esta impregna sutilmente las

actividades y la disposición del hacer de las maestras y los niños.


¿Cómo impregnan los planetas el día de la semana y cuáles son sus cualidades?


Blanca luna en el cielo está,

suave luz nos viene a abrazar.

Manos tibias, calma y calor,

el hogar guarda nuestro amor.


Los lunes, día de la Luna, utilizamos el color violeta y realizamos con cera de pintar la actividad

artística, dejando salir la imagen que traemos en nosotros de lo vivido durante el fin de semana. El

adulto acompaña con la conciencia de que la cualidad del lunes es acoger de dónde vienen y a

dónde se dirigen, es el inicio de la semana donde hay un comienzo y una preparación a lo que

vendrá. Por tanto se contempla y se cuida especialmente la palabra, el adulto sostiene y acoge al

niño/a, acompañando y trabajando interiormente la sensación de seguridad, solidez y certeza.


Fuerte y firme es mi brazo

para poder hacer.

Con belleza, con certeza

y con mucha diligencia.

Con gran ánimo y alegría

yo puedo crear

y con mucha valentía

¡Lo voy a intentar!


El martes, día del planeta Marte, utilizamos el color rojo, la cualidad de este día es la fuerza y el

coraje, la dirección en el hacer y en la palabra. Día donde pedimos a los niños que traigan una fruta

de casa para compartir. En este impulso vigoroso promovemos el dar y compartir, una acción justa,

buena y verdadera; esa fuerza la utilizo para ofrecer. El adulto acompaña dando forma, realizando

acciones claras y sencillas, con dirección. La actitud adulta interior ha de ser la sensación de

actividad, energía y fortaleza, protegiendo nuestro corazón como si hubiera delante un escudo.


Siento el viento suave,

en todo mi rostro.

Cierro los ojos, quiere jugar,

trae susurros para cantar.

¡Canta y ríe!

El aire quiere volar,

todo se mueve sin descansar.


El miércoles, día de Mercurio, de movimiento, de aire, del color amarillo, donde la actividad artística

es la elaboración del pan. El pan necesita de tiempo y de los elementos bien equilibrados para

formar un alimento, ese movimiento que ordena para conseguir el crecimiento y nutrirnos

adecuadamente. El adulto siente y observa desde su centro y equilibrio interno, generando

armonía y conectando con todo aquello que se mueva o suceda en el entorno. Una sensación de

quietud y calidez potencia su ser acogiendo lo que viene de fuera en paz y ecuanimidad.


Grande es el cielo,

grande es la tierra

y grande es el mar.

Entusiasta y amorosa

me dispongo a explorar.

Doy y ofrezco todo aquello

que en mi corazón está,

Confiada y amorosa

sé que puedo confiar.


El jueves, día de Júpiter, nos acompaña el color naranja, un color vivo. Es el día de la comunicación,

donde la palabra es protagonista, pero bien direccionada; se busca conscientemente lo valioso, ver

la semilla en todo. Día de amplitud, confianza y entusiasmo. Como actividad artística trabajamos la

acuarela, nos damos ese momento de introspección para vivir el color desde mi silencio y vivencia

interior, nutriendo el sentir anímico a través de la vivencia del color y la sorpresa para luego

ponerlo en el mundo. Es un tiempo para crecer y hacer crecer; conocerse y reconocerse.

Sentimiento de expansión que irradia amor y siente el mundo, apertura y búsqueda de lo positivo.

´

Florece mi corazón al mirar,

Percibo lo que fuera está,

Siento la belleza en mi cuerpo

llevándome al despertar.

Con cariño y suavidad,

crece en mi, así, la bondad.


El viernes, día de Venus, es el día de la belleza, de la armonía y del color verde. Me abro a observar

sin juicio, aprendo lo máximo de la vida, decido mirar con nuevos ojos, con la mirada del amor, si se

está atento puede aprenderse de cada ser. Día del cuidado de lo armónico y de la delicadeza, se

dedica tiempo a parar, observar y cuidar, ya sea a nosotros mismos con un masaje de pies, con un

bello peinado o en la limpieza y el orden de los espacios. Sentimiento de esperanza absoluta

percibiendo el futuro y lo nuevo, el exterior vibra en nosotros a través de los sentidos. Aprender de

la vida.


Como piedra firme,

que quieta y callada está,

Sostiene y forma barrancos

llenos de fuerza y bondad,

Dando sostén desde el silencio,

guardando un gigante dentro.

Y desde esa quietud y silencio

deja escuchar

el eco que el alma susurra

y no puede callar.


El sábado, día de Saturno, del color azul, que nos invita a discernir entre lo esencial y lo banal, a

renunciar a todos los juicios, pensamientos o sentimientos adversos. Pensar en cosas importantes y

escuchar el hablar de los otros. Sentimiento de confianza inquebrantable, prestar atención a las

tareas propias que llevan a uno mismo.


Siento como brilla el sol,

este da luz y vida en mi interior.

Calor, amor y visión.

Suena suavemente una canción,

esta dice muy bajito…

eres un rayito de mi fulgor.


El domingo es el día del Sol, de la justa opinión. Se toman decisiones desde la reflexión y se deja

todo aquello que no responda a un motivo importante, mantenerse con firmeza ante las decisiones

tomadas. Sentimiento de visión global justa donde ponemos en práctica todas esas cualidades

planetarias.



Este contenido está destinado al adulto. Los niños y niñas lo experimentan a través de la cualidad

del color, el alimento del día, la actividad artista del día, las canciones y los gestos. No obstante, es

fundamental el trabajo anímico e interior del adulto que acompaña al infante, ofreciendo la

oportunidad del autoconocimiento para así poder acompañar de una manera más coherente y

hacer con sentido. Si como madre, padre o maestra se decide hacer una actividad, ya sea pintar,

cocinar, sembrar o limpiar algo puede decidirse trabajar estas cualidades y sentimientos en uno

mismo y, desde ese lugar, situarse en el hacer. De este modo la forma de estar y permanecer en el

mundo llevará esa impronta, las acciones que se realicen adquirirán una fuerza y un valor que

resonará con certeza y será consecuente, por lo que la actitud del que lo recibe será mucho más

abierta. Asimismo, contamos con los momentos de ocio y tiempo libre que son idóneos para

trabajar la confianza en uno mismo, tomar acciones justas y poner en práctica todas estas virtudes

que puedo ofrecer... De manera que pueda recogerse todo aquello que venimos haciendo y

trabajando, ya digerido, ofreciendo así lo esencial.


Un ritmo de la semana armónico y con cierta estructura permite que los niños y niñas puedan

sentirse seguros y contenidos, así fortalecen su voluntad. El saber y el confiar en el entorno y en el

espacio les permite tomar decisiones y sentirse más autónomos. Pueden moverse, ver y percibir lo

que el espacio les ofrece y, desde ahí, deciden colaborar o no hacerlo, sabiendo dónde se encuentra

su lugar y el de los otros. Esa es la manera de desarrollarse: probar y aprender desde su propia

individualidad. El adulto acompaña, cuidando y observando desde la presencia y la intervención si

hiciera falta. El aprendizaje ocurre a través del hacer y del sentir, es el entorno el que actúa como

modelo formativo. El adulto crea condiciones vivas y acompaña ese desarrollo.


Estas condiciones facilitan que su cuerpo físico y vital se organice y fortalezca. Su memoria y 

vivencias le ayudarán a digerir y asociar todo lo que vendrá de manera cognitiva e intelectual,

pudiendo hacer sus propios balances y conclusiones, cultivando así una relación profunda con la

tierra. Esto consolida las bases para un aprendizaje futuro, consiguen mayor equilibrio emocional,

promueve una relación sana y de confianza con su cuerpo y con el espacio. Desarrolla iniciativa y

creatividad, propicia la búsqueda de soluciones así como relaciones y encuentros sanos con los

otros. Lo que hagamos en esta etapa les acompañará el resto de su vida. Se trata de conseguir una

estructura sólida en el ser, que lo pueda sostener en aquello que se le presente en el camino.






Mariana Sardina Magariños



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